Descubre las calles, plazas e iglesias de Sevilla vinculadas a la boda de Carlos V en 1526 y recorre hoy la ciudad con una nueva mirada histórica.
Cuando Carlos V celebró su boda en Sevilla en 1526, la ciudad no fue un simple escenario ceremonial: sus calles, plazas e iglesias formaron parte activa del acontecimiento. Muchos de esos espacios siguen hoy en pie, integrados en la vida cotidiana de la ciudad, aunque su papel en aquel momento histórico sea poco conocido.
Conocerlos permite recorrer Sevilla con una mirada distinta, entendiendo cómo el espacio urbano se utilizó para representar el poder imperial.
Calles que formaron parte del recorrido ceremonial
En el siglo XVI, las calles no eran simples vías de paso. Eran escenarios simbólicos, cuidadosamente seleccionados para las entradas solemnes y procesiones asociadas a grandes acontecimientos.
Entre los ejes urbanos que ya existían en tiempos de la boda imperial y que hoy seguimos recorriendo destacan:
- Calle Sierpes, uno de los principales ejes comerciales y urbanos de la Sevilla del siglo XVI, utilizada habitualmente para recorridos ceremoniales por su centralidad y anchura.
- Calle Francos, vinculada históricamente al comercio y a los recorridos que conectaban espacios clave del poder civil y religioso.
- Calle Placentines, situada en un entorno de gran densidad simbólica, muy próximo a la Catedral.
Estas calles permitían mostrar al emperador ante la población y reforzar la idea de Sevilla como ciudad preparada para ser vista y recorrida.
Curiosidad
En el siglo XVI, el prestigio de una ciudad se medía también por la calidad y el orden de sus recorridos ceremoniales, auténticos “escenarios en movimiento”.
Plazas: teatros urbanos del poder
Las plazas desempeñaron un papel fundamental durante la boda imperial. Eran espacios donde el poder se detenía, se mostraba y se celebraba públicamente.
Algunas de las plazas históricas que ya existían entonces y que hoy siguen siendo claves en la ciudad son:
- Plaza de San Francisco, centro del poder municipal y escenario habitual de actos públicos y celebraciones colectivas.
- Plaza del Salvador, uno de los grandes espacios de reunión de la ciudad, muy vinculado a la vida urbana y religiosa.
En estas plazas se concentraba la población para presenciar celebraciones, procesiones y actos simbólicos vinculados al acontecimiento imperial.
Curiosidad
Para muchos sevillanos del siglo XVI, la boda de Carlos V fue vivida principalmente en estos espacios abiertos, no en los actos reservados a la corte.
Iglesias y espacios religiosos del ceremonial imperial
La dimensión religiosa de la boda fue esencial. Las iglesias no solo acogieron ceremonias solemnes, sino que reforzaron la legitimidad simbólica del poder imperial.
Entre los templos que ya existían en 1526 y siguen formando parte del paisaje urbano destacan:
- Catedral de Sevilla, epicentro religioso de la ciudad y escenario fundamental de ceremonias de gran solemnidad.
- Iglesia del Salvador, heredera de un importante espacio religioso medieval, muy vinculado a la vida urbana del centro histórico.
- Iglesia de San Francisco (desaparecida como convento, pero vinculada al entorno de la actual Plaza de San Francisco), clave en la Sevilla ceremonial del momento.
Estos espacios aportaban solemnidad y reforzaban la idea de que el poder imperial tenía un respaldo religioso y simbólico.
Curiosidad
El uso de determinados templos no era casual: su ubicación y prestigio reforzaban el mensaje político del acontecimiento.
Una ciudad que aún puede leerse hoy
Aunque la Sevilla de 1526 ha cambiado profundamente, su estructura básica sigue siendo legible. Calles, plazas e iglesias conservan la memoria de un momento en el que la ciudad fue protagonista de la historia europea.
Recorrer hoy estos espacios conociendo su papel en la boda imperial permite:
- Reconocer huellas del poder en el espacio urbano
- Entender la ciudad como escenario histórico
- Redescubrir Sevilla desde una perspectiva menos conocida
La efeméride del 500º aniversario de la boda de Carlos V invita precisamente a realizar esta lectura pausada y consciente de la ciudad.
La boda de Carlos V no solo se celebró en Sevilla: se recorrió, se mostró y se vivió en sus calles, muchas de las cuales seguimos transitando hoy.






